viernes, 10 de abril de 2015

Despedida

Pronto hará un mes que te fuiste, Duna, y fue tan precipitado que apenas me he hecho a la idea de lo que supone tu pérdida.

A ratos me siento culpable porque podría haber esperado unos días, a ver si mejorabas un poco y empezabas a comer y a querer salir a la calle. Pero tenía mucho miedo de que sufrieras. Llevaba tiempo madurando esta idea: ser fuerte cuando llegase el momento para evitarte cualquier sufrimiento.

He venido a pasar unos días a Baltarga y tu ausencia se hace muy dolorosa aquí. Te echo de menos en cada rincón, a cada momento.. En los sitios dónde solías tumbarte a dormir, cuando me pongo a comer y no estás a mi lado pidiéndome... Cuando venías a despertarme a la cama levantando la manta con el morro. De jovencita saltabas encima y te quedabas durmiendo conmigo, con tu cabecita apoyada sobre mi, y yo la acariciaba y me sentía tan reconfortado…

Me gustaba curarte cuando estabas enferma, bañarte, sacarte a la calle muchas veces al día, darte de comer, intentar que lo pasaras lo mejor posible.
Contigo aprendí a querer de una forma responsable, como si de un hijo se tratase.
Entraste en mi vida en el peor momento de ella, y todos estos años me has hecho mejor persona, más maduro, has hecho más llevadera la soledad y la frustración que he sentido en tantos momentos.
Ahora echo de menos tu olor, tu pelo, tu respiración.. Cuando llegaba a casa y me venías a recibir tan contenta. Quizá algún día te encontrabas mal, pero allí estabas siempre, sin condiciones.

Me ha costado tomar la decisión, pero hoy he salido a hacer uno de los paseos que hacíamos juntos.
A ratos me parecía que venías detrás mío pero el camino estaba desierto.

He pasado por los lugares dónde te parabas a olisquear todo.

...y por el riachuelo dónde tanto te gustaba bañarte.

En otoño hicimos la última excursión por el camino de la hípica. Ya estabas mayor y te cansabas pronto, a cada rato parábamos a saborear el lugar y reposar un poco.

Contigo también he aprendido (o recordado, no sé) que la felicidad consiste en estar en contacto con la naturaleza, que es nuestra verdadera madre, y en esa fusión con ella uno encuentra la paz. Es sencillo, no cuesta dinero ni necesitas a nadie. Aunque las cosas son siempre mejores si se comparten con alguien como tú.

He visto a las vacas que nos venían a saludar.
Y el camino que pasa por enmedio de los campos.

















Y luego la carretera que va a Bor.

















Al llegar al pueblo me he tomado un café en la misma terraza dónde siempre esperábamos a que nos vinieran a buscar.
Cuando llegaba el coche lo reconocías por el sonido del motor, y enseguida empezabas a mover la cola de alegría al ver quién venía dentro.

















De regreso, he pasado por la explanada de Beders. Este lugar también me recuerda mucho a ti porque siempre parábamos un rato y nos quedábamos en la hierba tumbados, recuerdas?



















El verano pasado vinimos a pasar una semana con Javi y Yolanda y te venías con nosotros a todas las excursiones.
Les Fonts del Llobregat…

















El Segre. Creo que aquel fue tu último baño.

































No quería dejarte sóla porque tú siempre nos querías tener a todos juntos, y quería que disfrutaras con nosotros de todo lo que íbamos a hacer aquellos días.
También fuimos als Llacs de la Pera, dónde nadaste por primera vez cuando eras un cachorro. Como entonces, te lanzaste al agua sólo verla.




















Todo tiene menos sentido sin ti, Duna, sin tu bondad y tu generosidad.
Esta es una de las últimas fotos que te hice, tumbada en tu camita:



































En fin cuqui... Me quedo con los recuerdos.
Espero que hayas sido una perra tan feliz y tan querida como te merecías.